lunes, 6 de octubre de 2014

La "morsa"

Hoy voy a contarles porque el invierno es una, por no decir LA peor estación del año. Partamos de la base que estamos blancas teta o en mi caso verde. Nuestra cara no ve la luz del Sol hace meses y nuestras ojeras se ven negras en comparación al resto del color de nuestra piel. Parece que fuéramos osos polares que hibernan y no salen de sus cuevas y lo único que hacen es comer y dormir. 
Bueno… no estamos tan alejadas de la realidad. En invierno si no tenés un chongo o un novio para resguardarte del frío, lo único que hacemos es mirar series y llorar a los gritos, comiendo helado, chocolates y otras comidas engordantes y seguir llorando porque pasan las noches y continuamos solas, mirando la tele. Sí. Suena deprimente ¿No? Sí, es bastante patético el panoráma. Pero convengamos que este estado de inactividad también nos gusta. Somos amantes de la fiaca o como me gusta a mi llamarlo el morseo. Morsear es el término perfecto para definir esa inmovilidad. Las morsas encallan y no se suelen mover demasiado. Así somos muchas mujeres en el invierno (por no decir todo el año): morsas. Y orgullosas de serlo. Además de morsear también somos bastante masoquistas porque nos gusta mirar películas dramáticas o de amor mientras nos mandamos unos buenos sándwiches de miga… No podemos mentir.
La excusa de la morsa es básicamente que el invierno es la estación para engordar y deprimirse y a partir de septiembre/octubre empezará a ir al gimnasio y la dieta llegar "bien" verano. Sí, todas decimos lo mismo. ¡Pero hay que ponerse eh! No es tarea sencilla. Después de tantos meses de engordar como un cerdo, nuestro estómago se agrandó y ahora le estamos dando todas las señales contrarias. Está confundido pobrecito...
Y así es como muchas veces llega nuevamente el verano y seguimos con la panza cervecera que alimentamos todo el invierno. Y bueno decidimos reírnos de nuestros rollos y ponernos la bikini de todas formas. Empezamos a buscar las posiciones para que no se nos marquen los kilitos de más en la playa; intentamos quemarnos rápidamente porque creemos que quemadas “nos vemos más flacas”, “quemada cambia” y siempre buscamos consuelo con que en el verano somos todos menos prejuicios y que tendremos éxito igual; que a la larga nos olvidaremos de la grasa que querríamos remover de nuestro cuerpo. Viva el verano. Viva andar en culo.





https://www.facebook.com/pages/Este-verano-se-usa-LA-PANZA-/259193198196

lunes, 11 de agosto de 2014

¿Príncipes?

Los príncipes no existen. A mis escasos veinte años puedo confirmarlo. ¡Por suerte no existen! Creo que me darían odio… Tan perfectos, de pelo brillante, dientes blancos, siempre están felices y tienen buenas intenciones. No chicas, no existen y si los están buscando, dejen de hacerlo porque no los van a encontrar. No están escondidos bajo ninguna roca, ni en un boliche, ni en la calle. N-O ¡No!
Son una simple y hermosa creación, iniciada por Disney en nuestra infancia, que nos implantó la semilla de la esperanza; deseando que algún día llegaría un bombón a caballo, nos regalaría una flor y nos enamoraríamos al instante. Bueno… no. ERROR. No es tan fácil ni tan romántico. No estoy diciendo que no creo en el amor (verdadero) si no que el cuento de hadas es un MITO. Si bien yo creo que el ser humano nunca superará el hermoso trauma de Disney (hermoso porque AMO las películas de Disney), llegada la pubertad, Hollywood tampoco contribuyó demasiado… Todos los personajes de las películas pertenecientes a esta millonaria industria son perfectos y de cuerpos envidiables. En el 99% de las veces estas personas (en este caso hombre y mujer) estéticamente tallados por los dioses, terminan juntos, es decir, viven “felices para siempre”. Sin embargo, en aquel 1% restante, el espectador se enoja y se angustia (me incluyo), como es en el caso de “La boda de mi mejor amigo”. La puta que dura es ese largometraje… Y yo me pregunto ¿Por qué esto nos encabrona y nos entristece tanto? ¿Por qué nos largamos a llorar cuando el hombre “perfecto” y la mujer “adorable” terminan tomando caminos distintos? Creo haber llegado a una respuesta… Porque el ser humano está proyectando (concepto de la psicología. Si lo ignora búsquelo) su propio dolor que vive  a diario. En otras palabras, lloramos porque no queremos enfrentarnos a la cruda realidad: los príncipes que v emos en las películas NO existen.
Lo que nosotras debemos comprender, es que el príncipe azul de los cuentos, si lo humanizáramos sería falso, frío y de plástico. Debemos aprender que los errores y defectos tienen su encanto, que ellos nos alientan a la superación propia del ser y que de ellos nos podemos enamorar.







domingo, 20 de julio de 2014

Disfrazado vas

Lentamente te acercas. Lo rodeas. Misterio. Lo enjaulas en tu disfraz... Oscuro y obnubilante. Confundiéndolo, encegueciéndolo. Volver al principio. Todo fue en vano. El regreso a la primera página. 


miércoles, 16 de julio de 2014

Noches de tormenta



Cuando no estás, no encuentro el camino. Está todo a oscuras. Ciega, sola. No escucho nada más que mi propia voz y mis pasos, dando vueltas en círculos… Sin dirección, sin rumbo preciso. No puedo hablar. Tengo miedo.Miedo a que te esfumes…El miedo me quita las palabras.
Silencio. El agua corre al igual que las lágrimas por mi rostro. La madera cruje y yo sola lloro. Monstruos aparecen: fuertes y amenazantes… Volviéndome débil, vulnerable… Dejándome sin voz, sin aire y sin aliento. Ahogándome. Quemándome en tu fuego, en ese dolor que el monstruo me provoca. El mundo se cae abajo, siendo tapado por las paredes de esa casa: pesadas y frías. Ya no hay forma de respirar.

No puedo seguir viviendo así... Necesito levantarme.