Hace un mes aproximadamente
tuvo lugar una masacre en un boliche gay en Orlando, Estados unidos.
Un hombre mató a cincuenta personas e hirió a otras cincuenta y
tres. El atacante fue identificado como Omar Mateen, ciudadano
estadounidense de 29 años. Al parecer, era habitué del boliche y
según conocidos y su ex mujer, tenía tendencias homofóbicas y
actitudes peculiares.
Según Télam se trata de “uno
de los tiroteos más sangrientos de la historia reciente de Estados
Unidos”, que ya ha tenido 130 incidentes similares en lo que va del
año. Estos sucesos se deben a una gran problemática que tiene el
país norteamericano con respecto a los controles y la venta de
armas. Estos recurrentes hechos de violencia en Estados Unidos, son
notables y me dejan pensando… No nos podemos acostumbrar a vivir en
una sociedad que acepta a la violencia y el crimen como norma.
Estados Unidos es una Nación que históricamente ha sufrido la
discriminación, la violencia, entre otras cuestiones. Y es hasta el
día de hoy, que como sociedad no pueden superar esas barreras.
Reiterando, una de las mayores causas de estas situaciones se dan por
el poco y mal control de la venta de armas a los ciudadanos.
Evidentemente hay algo en el proceso que no funciona de manera
correcta.
En mi opinión, la venta de armas
no tendría que ser legal pero en caso de serlo, como es en el país
del presidente Obama, tendrían que replantearse la legislación y
aplicación de la misma. No puede ser que cualquier persona que se
despierte un día con ganas de comprarse un arma pueda hacerlo. El
Estado tiene que hacerse cargo de este tipo de situaciones. A raíz
de esta problemática no resuelta, cincuenta personas murieron este
mes en Orlando y cincuenta resultaron heridas… No es algo menor…
Tenemos que abrir los ojos. Hay que hacer algo al respecto.
Cuando sucedió la masacre, yo me
encontraba en San Francisco, en el Estado de California. La mayoría
de los negocios y hoteles lucían las banderas gays en sus puertas e
incluso algunos locales tenían una caja para donaciones que serían
enviadas a los familiares de las víctimas y a los heridos. Eso me
dio esperanzas de que no somos todos negligentes… Que no todos
hacemos la vista gorda a lo que pasa a nuestro alrededor. Que a
algunos de nosotros si nos importa y si nos afecta.
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