El fuego chirrió tranquilo, casi en silencio, junto a mí. Invadiendo el cuarto de calor, quemando las penas y dolores. Creando un clima de amor y pasión. De un amor fugaz, eterno o prohibido.
Dejándonos sin aliento me decís: “El amor es la fuerza más fuerte”.
El fuego representando esa fuerza y valentía que tiene el amor. Quema y se consume. Sufre y calla. Ama y muere. Despierta y duerme.
Fumando junto al fuego, olvidándonos de tu fuerza. De la fuerza del amor. De ese amor prohibido que sólo vale junto al fuego.
El fuego escucha pero no olvida. Sabe pero no cuenta. Incentiva pero no se hace responsable.
Como un monstruo encendido obnuvilante... Nos mira a través de ese calor inexplicable, haciendo que las cosas tengan sentido y durmiéndonos en él, actuamos. Actuamos de manera pasional. Amándonos junto al fuego. Sintiendo su calor y oyendo su chirrido, actuamos. Sintiéndonos libres y protegidos tomamos las cartas en el asunto.
Presintiendo que todo va a estar bien, que es lo correcto, lo que debemos hacer. Y sabemos que esto no va a cambiar al día siguiente porque nos acordamos y nos damos cuenta que en ese momento lo valió. En ese instante que decidimos actuar supimos que estábamos haciéndolo junto al fuego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario