¿Por qué perdemos tanto tiempo de nuestras vidas teniendo miedo? Teniéndole miedo al rechazo. A que el otro no sienta lo mismo. De decir lo que pensamos… La vida es DEMASIADO corta como para estar paralizados por estos monstruos atormentadores que ni tienen vida propia; Estos fantasmas que no nos dejan actuar, que no nos dejan SER…
Espectros en nuestras cabezas nos frenan y nos dicen: “Quizás no es el mejor momento” “Te va a ir para el orto”. “Vas a salir lastimado”. “Vos no vales tanto”. “Búscate a alguien de tu nivel”. “A vos siempre te sale todo mal”. “Nunca logras nada de lo que te propones”. “Vos no tenés sentimientos”. “No sos tan inteligente”. “No te esfuerces al pedo, si ya sabes que no lo vas a conseguir”.
Esos prejuicios, esas etiquetas, malas vibras, MIEDOS, nos limitan y nos frenan; Crean una pared sólida en frente nuestro, que creemos imposible de tirar abajo. Hacen que nuestra vida no sea totalmente plena: atándonos, dejándonos sin respiración sin aliento. Sin salida, preferimos no pelear contra este muro y decidimos quedarnos atrapados, cómodos en esa zona sin peligros, sin EXPOSICION. No nos exponemos porque no queremos salir lastimados; porque exponerse significa ARRIESGARSE. Y al arriesgarnos quedamos al descubierto, desnudos frente a la realidad, a lo que nos pasa, a nosotros mismos. Estando desnudos ya no hay nada que ocultar; somos transparentes. El otro puede ver todo lo que escondíamos, todo lo que nos daba miedo poner sobre la mesa… Somos VULNERABLES a que el otro nos lastime, nos destruya…
Inconscientemente tenemos terror a que nos lastimen y por eso mismo decidimos atraparnos entre esas paredes “protectoras”, que nos mantienen “bien”…
¡Vivir así no es vivir! Es simplemente transcurrir tus días… Días en los que no hay emociones… En los que no pasa nada interesante… ¡Vivir una mentira! No podemos escondernos para siempre… Hay que traspasar esa pared que nos atormenta y finalmente SER NOSOTROS MISMOS.
Mutando hoy es un refugio donde confluye la ficción con lo real, el humor con la nostalgia, la literatura con el periodismo, la música con la prosa... Los lugares, las personas... nuestra vida MUTA.
viernes, 20 de julio de 2012
lunes, 16 de julio de 2012
FUEGO
El fuego chirrió tranquilo, casi en silencio, junto a mí. Invadiendo el cuarto de calor, quemando las penas y dolores. Creando un clima de amor y pasión. De un amor fugaz, eterno o prohibido.
Dejándonos sin aliento me decís: “El amor es la fuerza más fuerte”.
El fuego representando esa fuerza y valentía que tiene el amor. Quema y se consume. Sufre y calla. Ama y muere. Despierta y duerme.
Fumando junto al fuego, olvidándonos de tu fuerza. De la fuerza del amor. De ese amor prohibido que sólo vale junto al fuego.
El fuego escucha pero no olvida. Sabe pero no cuenta. Incentiva pero no se hace responsable.
Como un monstruo encendido obnuvilante... Nos mira a través de ese calor inexplicable, haciendo que las cosas tengan sentido y durmiéndonos en él, actuamos. Actuamos de manera pasional. Amándonos junto al fuego. Sintiendo su calor y oyendo su chirrido, actuamos. Sintiéndonos libres y protegidos tomamos las cartas en el asunto.
Presintiendo que todo va a estar bien, que es lo correcto, lo que debemos hacer. Y sabemos que esto no va a cambiar al día siguiente porque nos acordamos y nos damos cuenta que en ese momento lo valió. En ese instante que decidimos actuar supimos que estábamos haciéndolo junto al fuego.
Dejándonos sin aliento me decís: “El amor es la fuerza más fuerte”.
El fuego representando esa fuerza y valentía que tiene el amor. Quema y se consume. Sufre y calla. Ama y muere. Despierta y duerme.
Fumando junto al fuego, olvidándonos de tu fuerza. De la fuerza del amor. De ese amor prohibido que sólo vale junto al fuego.
El fuego escucha pero no olvida. Sabe pero no cuenta. Incentiva pero no se hace responsable.
Como un monstruo encendido obnuvilante... Nos mira a través de ese calor inexplicable, haciendo que las cosas tengan sentido y durmiéndonos en él, actuamos. Actuamos de manera pasional. Amándonos junto al fuego. Sintiendo su calor y oyendo su chirrido, actuamos. Sintiéndonos libres y protegidos tomamos las cartas en el asunto.
Presintiendo que todo va a estar bien, que es lo correcto, lo que debemos hacer. Y sabemos que esto no va a cambiar al día siguiente porque nos acordamos y nos damos cuenta que en ese momento lo valió. En ese instante que decidimos actuar supimos que estábamos haciéndolo junto al fuego.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)